Filosofia Social

     

                                                              

          


    Aunque la filosofía social se encuentre hoy día en el centro del interés filosófico general, ello no se debe a que goce de algún tipo de estatuto privilegiado frente a la mayoría de las demás corrientes filosóficas e intelectuales de la actualidad.

     No hay en ella ninguna peculiaridad conceptual que pueda levantar la aspiración de tener validez universal. En vista de la actual situación de la ciencia, en la que las fronteras tradicionales entre las diferentes disciplinas han sido cuestionadas y no sabemos todavía en qué lugar serán trazadas de nuevo en el futuro inmediato, parece poco apropiado tratar de definir, de una vez para siempre, cuáles puedan llegar a ser sus campos de investigación. 

    A pesar de ello, es posible presentar, de forma breve, algunas de las ideas generalmente asociadas con la filosofía social. Su finalidad últimaes tratar de interpretar filosóficamente cuál es el destino de los hombres, pero no en cuanto simple individuo sino como miembros de una comunidad. 

    La filosofía social se ocupa, por tanto, de aquellos fenómenos que guardan relación con la vida social de los hombres: el Estado, el derecho, la economía, la religión; en suma, la cultura material y espiritual de los seres humanos. Así entendida, la filosofía social creció en el seno de la historia del idealismo clásico alemán. Algunos de sus mayores logros pueden encontrarse en ciertas partes del sistema hegeliano. 

    No es que antes de Hegel no se hubiese dado algún esfuerzo por definir el objeto de la filosofía social: las obras principales de Kant, por ejemplo, ya contienen una teoría filosófica de la ciencia, del derecho, del arte y de la religión. Pero esta filosofía social está fundada en atributos de la personalidad individual (Einzelpersönlichkeit), y aquellos ámbitos [la ciencia, el derecho, el arte y la religión] se entienden solo como proyecciones de un sujeto autónomo. 

     Kant convirtió la unidad del sujeto racional en la fuente única de los principios que constituyen los distintos ámbitos culturales, de modo que solo a partir de la dinámica de la persona, de las actividades espontáneas del Yo, podía entenderse el carácter y estructura de la cultura. Aunque para la filosofía kantiana el sujeto autónomo no debe equipararse con las actividades empíricas de los hombres particulares, ella permite sin embargo la investigación sobre algunos aspectos de la cultura que se fundan en la mente de todo sujeto racional. 

                                                        
                                                             

    Para Kant, no existen estructuras suprapersonales y omniabarcadoras del ser, ancladas en la totalidad social, a las cuales debamos subordinarnos; tal suposición sería dogmática, pues apuntaría hacia un comportamiento heterónomo de los sujetos. En la primera parte de la Metafísica de las costumbres Kant dice que una persona no debe subordinarse a ninguna otra ley distinta a la que puede darse a sí misma, bien sea sola o junto con otras personas. 

    El idealismo vinculado a la filosofía kantiana ha generado, sin embargo, una separación entre la razón autónoma y el sujeto empírico. La tensión entre el hombre finito y el Yo [trascendental] se desarrolla propiamente en la primera filosofía de Fichte, quien orienta su reflexión exclusivamente hacia el Yo. 

    El mandato de servirnos de nuestra propia autonomía echa sus raíces en lo profundo de la subjetividad. El autoconocimiento continúa siendo aquí el medio propio de la filosofía. Pero fue Hegel quien liberó este autoconocimiento de las cadenas de la introspección y abrió la pregunta por el sujeto que adquiere forma objetiva, que se produce históricamente a sí mismo en las distintas esferas culturales.

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